En aras a celebrar 200 años del primer ensayo institucional desarrollado en Chile, primera junta de gobierno de 1810, y en atención al futuro de nuestra nación, me parece justo resaltar la innegable importancia que han tenido el desarrollo de instituciones sociales en el proceso de restauración y consolidación republicana. Bajo este espíritu, siento que es necesario instar a la reflexión acerca del futuro de nuestra casa de estudios, institución que ha acompañado a la nación en su vida republicana durante 115 años y cuyo desarrollo nos exige pensar sobre cual es la forma más adecuada en la que podemos aportar a su desarrollo.
Es en esta tarea de futuro que deseo compartir con ustedes un conjunto de medidas que estimo de suma importancia para que la escuela juegue el papel de protagonista que su historia y el futuro de Chile reclama, también abriendo espacio al debate y la necesaria reflexión.
Propongo lo siguiente:
1. Reemplazar el actual sistema de anualidad por uno semestral, puesto que ello permite flexibilizar la malla curricular aumentando las posibilidades de desarrollo del alumno, puesto que bajo este régimen estos podrían realizar cursos semestrales en distintas universidades nacionales y extranjeras, tener la posibilidad de adelantar ramos disminuyendo los excesivos años en que nuestros alumnos demoran en egresar, es decir, con esta medida se lograría una mayor movilidad social y académica por parte del alumnado.
2. Reestructurar el actual perfil académico a uno que otorge mayor relevancia a las llamadas ‘habilidades blandas’ dentro de las cuales la negociación y liderazgo son las llamadas a crear un alumno que combine sus aptitudes académicas con las necesarias habilidades prácticas. Es en esta dirección, que estimo necesario aumentar las horas del curso de práctica jurídica.
3. Potenciar la modalidad de pruebas orales destinadas a mejorar las destrezas orales del alumnado en vista de que hoy la mayoría de los procesos judiciales tiene como base la oralidad. Como también, cambiar las pruebas escritas de desarrollo por pruebas casuísticas prácticas orientadas a la resolución de casos judiciales, así estaremos potenciando el criterio jurídico del alumno.
4. Resaltar aún mas el concepto de juristas PUCV, pero creando los incentivos necesarios para fomentar y premiar la excelencia académica, primero aumentando el numero de controles semestrales y segundo otorgando la posibilidad de eximición
a quienes obtengan promedio final igual o superior a 5.8.
5. Crear lazos estables de comunicación entre profesorado y alumnos, exigiéndole a los primeros adoptar nuevas modalidades pedagógicas como lo son las clases interactivas, prácticas y resolutivas de problemas de la vida jurídica, esto sin renunciar a la exposición de los contenidos fundamentales que aseguren formar juristas de excepción.
Pero creo que el cambio más importante no es responsabilidad del profesorado ni de las autoridades administrativas, sino que de nosotros, los propios alumnos, esto nos debe llevar a un cambio de mentalidad, dejar en el olvido la limitada concepción del abogado PUCV teórico, destinado a ejercer la docencia y la investigación, e ir mas allá y pensar que con nuestra formación humanista podemos también aportar al país desde el ámbito político y social, ya vemos como la casa de Bello ha formado a 16 presidentes de la república y a un sin fin de altos funcionarios del estado, como también la universidad católica ha sido el alma mater de importantes movimientos sociales como la falange nacional, el gremialismo y la formación de dos presidentes de la república y no veo razón alguna que impida que los próximos gobernantes y autoridades que decidirán el futuro de nuestro país se hayan formado en la escuela de derecho de la católica de Valparaíso, este debe ser nuestro horizonte, pensar en grande, no tener limites a la hora de buscar un país mejor, por esto los insto a reflexionar, pidiéndoles que no se pongan límites, porque hoy mas que nunca el futuro de nuestro país nos exige nuestra participación.