sábado, 1 de mayo de 2010

Derecho PUCV mirada de futuro.

Sin duda alguna que durante los primeros 115 años de historia de nuestra escuela de derecho se han conseguidos logros muy importantes, se fundó el primer curso de leyes en nuestra región de Valparaíso dependiente de los sagrados corazones, se estableció la primera sede de la universidad católica fuera de la región metropolitana, se formaron las primeras generaciones de abogados que se caracterizaron por su impronta y excelencia académica, todos logros que han permitido, por ejemplo, que hoy nuestra escuela por segundo año consecutivo se encuentre entre las tres mejores escuelas de derecho de nuestro país, o que seamos líderes indiscutidos a nivel nacional en investigación y desarrollo de las ciencias jurídicas.

Lo anterior sin duda que llena de orgullo a las nuevas generaciones de estudiantes y futuros abogados que hoy tenemos el privilegio de estudiar en las aulas de la pontificia universidad católica de Valparaíso. Sabemos que dichos logros son el resultado de largos procesos académicos e institucionales, y que en ellos han participado con gran esmero y dedicación un número significativo de abogados, profesores, personal administrativo y alumnos, que en vista de lo que han logrado merecen todo nuestro reconocimiento y aprecio, entendiendo que si hoy nos enorgullecemos de estudiar en la mejor escuela de derecho del país es gracias a su trabajo y dedicación.

Sin embargo, como miembros de las nuevas generaciones de estudiantes no podemos quedarnos dormidos en la complacencia que significa ver todo lo que se ha logrado durante estos 115 años, si no que al contrario, somos nosotros quienes debemos empeñarnos en el desafío de construir los pilares esenciales que determinarán el futuro de nuestra escuela. Es a esta tarea ardua pero noble a la que cada uno de nosotros debe sentirse llamado a participar.

El desafío que tenemos por delante nos exige ser capaces de avanzar en aquellas materias en las cuales durante estos 115 años no fuimos capaces de crecer y desarrollarnos, porque si queremos ser capaces de cumplir con esta tarea debemos empezar reconociendo nuestras debilidades y flaquezas, sólo el conocimiento acabado de ellas nos permitirá en el futuro tomar las decisiones correctas.

Desde luego que hoy como escuela tenemos más de una debilidad, pero creo que la más importante, en atención a las consecuencias negativas que nos provoca, es contar con un régimen curricular excesivamente rígido. Si bien es justo reconocer que este es uno de los elementos institucionales que nos permite gozar de excelencia, es justo también alertar sobre los efectos negativos que genera. A causa de él nuestra escuela ha perdido una gran oportunidad de posicionar a sus abogados en el mercado laboral, toda vez que si de algo no nos debemos enorgullecer es de los 11 años que nuestros alumnos se demoran en su proceso de titulación, lo cual hace que el número de abogados de esta escuela que se titula por año es muy bajo en comparación a otras universidades de igual o menor prestigio que el nuestro.
Este es un desafío gigante que tenemos como comunidad universitaria y , para dar solución a él debemos ser capaces de encontrar la fórmula que nos permita compatibilizar la deseada flexibilidad curricular sin renunciar a la formación de excelencia que hoy en día nos caracteriza a nivel nacional. Porque están equivocados quienes creen que la excelencia es sinónimo de rigidez.

Otra manifestación del problema se vincula con nuestro actual sistema de evaluación, el cual al contrario de incentivar la excelencia genera que gran parte de los alumnos pase sus ramos con las notas mínimas exigidas, lo cual desincentiva el rendimiento de estos, toda vez que en un régimen de evaluación en el que se premie la excelencia, permitiendo la eximición, los alumnos tendrán mayores incentivos para intentar conseguir una nota alta. Pero lo más preocupante y que se relaciona directamente con la falta de posicionamiento de nuestros alumnos, es que hoy para acceder a altos cargos dentro del poder judicial, ministerio público o bien, para integrar los más prestigiosos estudios de abogados se nos exige determinadas notas de presentación para competir por los cargos, de este modo artificialmente nos estamos poniendo una barrera de entrada a estos mercados.

Un abogado no sólo debe recibir una formación teórica, sino que una integral, y para ello es necesario que nuestras autoridades tomen conciencia de que hoy el mercado laboral está demandando no sólo aptitudes formativas propias de la carrera, si no que cada vez en mayor medida valoran las llamadas habilidades blandas, en este sentido propongo que se incluyan de forma obligatoria en nuestra formación ramos de liderazgo, inteligencia emocional, lógica y argumentación jurídica, habilidades hoy desconocidas por la mayor parte de nuestros egresados.

Pero la buena noticia es que aún estamos a tiempo para realizar estas reformas, y cada vez más se aprecia por parte de dirección y decanato una postura proclive a enfrentar estos desafíos. Es así como tomamos con alegría y esperanza la decisión de que en el año 2011 comenzará a implementarse el régimen semestral, esperamos con ello que se pueda dar al sistema la debida flexibilidad que le permita, por ejemplo, a los alumnos realizar cursos en el extranjero, tomar ramos de formación integral, disponer de mayor tiempo para realizar actividades extra curriculares, entre otras.

Estoy consciente de que el desafío es mayor, y que si queremos enfrentarlo con éxito tendremos que dedicar mucho tiempo y trabajo a su concreción, pero lo que me da esperanzas es ver que por fin las autoridades y el alumnado a tomado conciencia de la importancia de resolver nuestras debilidades, es por ello que invito a cada uno de ustedes a convertirse en miembro activo de este nuevo proceso de reforma, con la absoluta convicción de que los próximos 115 años de futuro dependen de nuestro actuar, y que como jóvenes debemos estar a la altura de lo que el futuro espera de nosotros.

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